Felicitaciones a las chef!

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Proyecto social destinado a conocernos, y por que no, dar a conocer Latinoamérica. La idea es que distintos autores, de distintos paises de la región, escriban periódicamente sobre cultura, religión, política, sociedad,... Este sitio está basado en el blog "Topics From 192 Countries". Si quieres ser autor escribe tu primer artículo y envíalo a mi correo [surexiste@gmail.com] o postealo tu mismo si ya eres un autor invitado.

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Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.
Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zig-zag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.
De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamentelineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Ésta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cada uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.
Por Eduardo Galeano (*)
Dicen que hemos faltado a nuestra cita con la Historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas.
Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que a veces nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema.
Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagamundos, buscabroncas, calentones y fiesteros, y por algo será. Nos han enseñado que, por ley de mercado, lo que no tiene precio no tiene valor, y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que nos traicionan la cara.
Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo, y cierta tendencia a la resurrección inexplicable.
(*) Patas arriba, la escuela del mundo al revés (1998)
Me amarán por aquello que me destroza
_______la espada en mis sueños
_______la ceniza de mis pensamientos
_______la dolencia que se alimenta en los pliegues de mi mente
Cada cumplido me arranca un trozo de alma
Un gruñón expresionista
Colocado entre dos imbéciles
No saben nada
_______Siempre he andado libre
Último en una larga fila de cleptómanos literarios
_______(una tradición venerable)
El plagio es el acto sagrado
En el retorcido camino a la expresión
Un exceso de signos de admiración presagia una inminente crisis nerviosa
Tan sólo una palabra en una página y ahí está la obra
Escribo para los muertos
________los no nacidos4:48 Psicosis, Sara Kane (Carla Matteini, trad.)
¿Cómo es ella? ¿Y cómo la reconoceré cuando la vea? Morirá, morirá, ella simplemente morirá. Hijo de puta Dios por hacerme amar a una persona que no existe, quiero escapar, renunciar, ausentarme, pero termino regresando. Quiero dejar de escribirla, de encontrarla en mis lecturas, fantaseando en posibilidades y encuentros. Haciendo viajes por valles, por ríos y por rastros de su posible paso. Mientras escuchaba el tic tac, yo llegaba.
Ese título pertenece a Virginia Ayllón. En el blog de Yerba Mala Cartonera hallé una nota de ella con la que no estoy de acuerdo. Sin embargo a través de ella he llegado a desembocar en el loco, loco de locos. El Arturo Borda. Me interesa este autor porque siempre tuvo excusas para no escribir. O escribía sin escribir como se escribe comúnmente. La Margo Glantz me mostró una forma fragmentaria de escribir (otra que escribe poco) pero Borda es más fragmentario. Como si quisiera hablar en otro idioma.Si acaso no se tratara de un tema tan grave, la actual disputa que mantienen la Argentina y la República Oriental del Uruguay, motivada por la instalación de dos fábricas de pasta celulosa de origen europeo, bien podría considerarse una tragicomedia de insólitos enredos o, más aun, una pieza maestra del teatro del absurdo, digna de un maestro como Eugéne Ionesco. A unos tres años de iniciado el atrenzo, si bien ha habido altibajos en el grado de tensión bilateral, da la sensación de que los ánimos, lejos de distenderse, parecen no haber alcanzado aún el punto álgido y que sólo un clarividente tendría el valor –o la osadía- de arriesgar un desenlace que, ciertamente y a juzgar por la evolución de los hechos y las características de los actores, no despunta en el horizonte de un porvenir auspicioso. Vale la pena adentrarse, al menos levemente, en la trama de esta sórdida, grotesca fábula rioplatense y conocer un poco más a sus exóticos personajes, tan veleidosos en sus principios y convicciones los unos, tan tercos e intransigentes los otros, que aunque resulta fácil su descripción, la ausencia de lógica e invariantes los vuelve casi imposibles de catalogar.
Se dice que el desembarco de las empresas propietarias de fábricas de pasta celulosa Botnia, de origen finlandés, y la española Ence en el Uruguay es la culminación de un proceso de inversión programado desde hace unos veinte años en ese país, que va desde la forestación de vastas extensiones de tierra hasta la instalación de las fábricas. El proyecto representa la inversión extranjera de mayor caudal en la historia uruguaya y, quizás, los evidentes beneficios que traerá dicho aporte a la pequeña economía oriental sea lo que genera una defensa tan aguerrida por parte de su gobierno. Pero ante esto, cabe recordar que uno de los temas abordados en la campaña electoral del actual presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, giraba en torno a la instalación de las pasteras y que, por cierto, el entonces candidato se atrevía a cuestionar. Todavía deben permanecer, algo borroneados por el tiempo, algunos grafitis en las afueras de Montevideo que proclaman “Tabaré Presidente. No a las papeleras.”; frase, esta última, que hoy se ha vuelto causa nacional para muchos orientales, pero en su antitética versión en positivo.
Indagar las razones que hayan llevado a estas empresas a optar por el Uruguay como destino de sus inversiones es una tarea incierta debido a la presencia de varios motivos, algunos de ellos válidos, otros más cuestionables. Por un lado se puede esgrimir el orden institucional y la imagen de prudencia y respeto hacia la inversión privada exhibida por el Uruguay en el manejo de la economía. Por otro, no es menos cierto que la empresa Ence, en particular, ha sido literalmente corrida de España, apremiada por las exigencias de la legislación referida al medio ambiente que pronto entrará en vigencia para los miembros de la Unión Europea. La planta industrial que la mencionada empresa posee en Galicia ha sido condenada por delito ecológico por la misma justicia española y en sus aledaños se han multiplicado los casos de cáncer de pulmón y otras enfermedades de las vías respiratorias que han despertado a los fantasmas que hoy estremecen las vidas de los ciudadanos de Gualeguaychú, ciudad argentina que se vería afectada por el funcionamiento de las pasteras.
La finlandesa Botnia, por su parte, no registra antecedentes en el mismo sentido que su par española -lo que no significa que no los pueda tener-; pero ha adoptado una actitud que despertó justificadas suspicacias: con sus obras en pleno avance sobre la costa del fronterizo río Uruguay, en la localidad de Fray Bentos, y en momentos en que el conflicto parecía encaminarse hacia una resolución diplomática y dialogal, exhibió una intransigencia inexplicable ante la solicitud de la suspensión de las obras por un lapso de noventa días; un mero gesto que serviría para descomprimir la situación en las dos orillas y apaciguar los ánimos de los vecinos de Gualeguaychú, que a esas alturas ya habían adoptado los cortes de ruta en los accesos a los puentes internacionales, injustificables desde el punto de vista legal, aunque comprensibles como recurso desesperado, provocando un cierto aislamiento a los uruguayos de la región y, según el gobierno oriental, cuantiosas pérdidas económicas al país.
Los protagonistas más llamativos son, sin ninguna duda, los agentes de ambos gobiernos que se han visto obligados a involucrarse en la disputa; quizás por sus acciones irreflexivas y sus reacciones instintivas, por sus desplantes de ominosa verborragia, por la veleidad a veces demagógica, a veces oportunista y otras tantas narcisista con que se han conducido, por una falta total de previsión y análisis de los escenarios reales o hipotéticos; toda una batería de atributos –o defectos- más propios de la torpeza de los actores de un sainete que de sabios y juiciosos estadistas.
El gobierno uruguayo carga no sólo con el subitáneo e injustificable cambio de opinión de Tabaré Vázquez respecto de las fábricas en cuestión tras acceder a la presidencia, también hay que decir que la ubicación de las pasteras se estipuló obviando el mandato de tratados bilaterales sobre el Río Uruguay, hecho en el que también tiene parte de responsabilidad el gobierno argentino de Néstor Kirchner, que en principio dio la venia diplomática para que Uruguay “violara” dicha reglamentación y luego, en pleno recrudecimiento del conflicto, utilizó el hecho como argumento en su favor ante la Corte Internacional de La Haya. Por otra parte, el primer mandatario uruguayo se ha encontrado en más de una oportunidad dando una imagen de vacío de poder que fue denunciada con lesivo e inconsciente sarcasmo ante la prensa por parte de funcionarios argentinos que, incapaces de encontrar soluciones, se dedicaban a una guerra mediática de tinte electoralista que disimulara su impotencia. Ambos presidentes estuvieron a un paso de llegar a un acuerdo, la intransigencia de Botnia diluyó esa posibilidad, dejó en ridículo a Vázquez y contagió al resto, que vieron en tal actitud la posibilidad de alcanzar sus objetivos. A partir de allí, se ausentó definitivamente el sentido común y cada uno se mantuvo en sus trece, dando al conflicto una apariencia más cercana a un choque entre compadritos tratando de coparse la parada que a dos naciones civilizadas resolviendo un diferendo diplomático-político. Porque hasta la incursión a La Haya resulta insólita si se tiene en cuenta la cercanía histórica y cultural de las naciones en conflicto y las francas posibilidades de llegar a un entendimiento sin necesidad de trasladarse a escenarios tan distantes y tan impropios de dos viejos conocidos.
Del lado argentino, la ineptitud del gobierno frente al problema pasó de una primigenia indiferencia, cuando era un problemita de unos pocos, tibios manifestantes, que lo llevó, por ejemplo, a dar su aquiescencia a la mencionada violación de un tratado, a una cadena de procedimientos siempre reactivos, nunca preventivos, cuando la cosa fue pasando a mayores y las protestas sociales ganaron presencia en los medios de comunicación, llegando hasta la prensa internacional a través de aquella famosa irrupción de la reina del carnaval, semidesnuda y portando un cartel de protesta ecológica al que muy pocos habrán prestado atención, frente a una ringlera de presidentes y primeros ministros de América y Europa que posaban sonrientes para la foto final de un encuentro multinacional. Entonces, Kirchner y sus adláteres no escatimaron esfuerzos para poder sacar rédito político de la situación, aun cuando esa tarea los ubicaba, de movida, en la insoluble encrucijada de tener que quedar bien con dios y con el diablo. Por eso el absurdo del gobierno argentino, que critica la intransigencia puertas afuera y la tolera puertas adentro con tal de ser políticamente correcto, o cuestiona las plantas uruguayas por la posible contaminación sin hacer nada por erradicar las plantas de celulosa obsoletas afincadas en el propio territorio, las cuales producen mucho más polución ambiental.
Entre los últimos sucesos, cabe destacar un manotazo de ahogado dado por el presidente argentino: el llamado a una mediación del rey de España quien, presto, envió un delegado que hasta el momento sólo logró hacer que la española Ence, que aún no empezó a construir su planta, decidiera instalarla en otro lugar, río abajo y lejos de cualquier otra rebelde ciudad argentina. El anuncio, hecho con gesto de fastidio por un representante de la empresa en la sala de conferencias de la sede del gobierno nacional argentino, dejó nuevamente mal parado a Tabaré Vázquez, quien, desde la otra orilla, intentó escapar al patetismo de su posición balbuceando un poco convincente “Eso es algo que lo decidirá el Uruguay”.
Párrafo aparte merecen los ciudadanos de Gualeguaychú, criticables por su metodología, pero merecedores de toda comprensión; porque es más que evidente que la suya ha sido una posición de absoluta orfandad frente a una cuestión en la que lo que está en juego es ni más ni menos que la vida; independientemente del también probable efecto negativo sobre la economía del lugar, altamente ligada al turismo y, por éste, al río de la discordia. En honor a la verdad, es necesario decir que las manifestaciones en contra de las papeleras empezaron hace al menos tres años, con simples caminatas y actos pacíficos, y fueron la intransigencia uruguaya y la negligencia argentina las que motivaron el endurecimiento de la protesta hasta la actual situación. Hoy los puentes están cortados porque la vida no se negocia, la gente ya no confía sino en su propia determinación y no piensa deponer su actitud si no ve gestos concretos que disipen las sombras de duda que se ciernen sobre su futuro. Desde la otra orilla, el presidente uruguayo ha dicho que no piensa dialogar mientras los puentes permanezcan bloqueados; y así hoy en día es factible representar la realidad con la vieja y conocida metáfora del perro que se persigue la cola.
Cuál ha de ser el final de esta historia es un enigma propio de un intrincado relato policial, más allá de la ya descripta trama absurda y tragicómica que hace que, de una punta a otra del mundo hispanohablante, podamos intitularla “Los papelones de las papeleras”.
Cuentan que le preguntaron a Guayasamín, pintor ecuatoriano, cuánto tiempo llevaba pintando, y el maestro, pensándolo unos segundos, respondió: -Llevo pintando tres mil o cinco mil años, más o menos.
"No señor... yo no sé hacer nada más que pintar. Creo que no hubiera podido ser nada más que pintor".
"Vengo pintando desde hace tres o cinco mil años, más o menos".
"Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace en contra del Hombre".
"Estoy en el mismo punto, pero cada vez más hondo. Siempre golpeando hacia adentro".
"Pintar es una forma de oración al mismo tiempo que de grito. Es casi una actitud fisiológica, y la más alta consecuencia del amor y de la soledad".
"Soy consciente de que venimos de una cultura milenaria, alrededor de la cual se formó una civilización que alcanzó momentos de gran esplendor".
"Pese a todo, no hemos perdido la fe en el hombre, en su capacidad de alzarse y construir, porque el arte cubre la vida. Es una forma de amar".
"La Capilla del Hombre es un llamado a la unidad de América Latina: de México a la Patagonia, un solo país".
"Mi obra en verdad son tres sinfonías que había diseñado en mi juventud y que estoy cumpliendo día a día"
Es posible, aquí lo dice Jaime Sabines, ignorando que en realidad dejó de ser él mismo para ser Jaime Sabines.Me daba cuenta de que copiaba. Seis meses de puro escribir como Neruda, estos otros seis, puro escribir como Alberti, estos otros como García Lorca y estos otros como Juan Ramón. Así fue por etapas bien claras, definidas. Hasta que durante el año en Chiapas me tomé a mí mismo sin copiar. Cuando vine a estudiar a Filosofía y Letras, en 1949, me puse a escribir como Jaime Sabines.Por eso, más tarde, escribiría un poema como éste:
Roto, casi ciego, rabioso, aniquilado,
hueco como un tambor al que golpea la vida,
sin nadie pero solo,
respondiendo las mismas preguntas para las mismas cosas siempre,
muriendo absurdamente, llorando como una niña, asqueado.

Las elecciones presidenciales han terminado en Ecuador y de acuerdo con los resultados preliminares (no oficiales) el candidato de izquierda Rafael Correa es el ganador.
